Mariano Rivera y Robinson Canó. (AP)

NUEVA YORK - "The Closer", la autobiografía que Mariano Rivera acaba de publicar, es un soso libro de algo más de 250 páginas que a veces pareciera ser una colección de resúmenes de las crónicas de sus partidos con los Yanquis durante casi dos décadas con el equipo de Nueva York.

Era lo esperado del cerrador panameño que se retiró de las Grandes Ligas el año pasado con una cifra récord de 652 salvamentos. Estoico en su comportamiento, Rivera nunca se caracterizó por hacer olas y generar polémicas con sus declaraciones.

Hay algunos pasajes en los que insinúa algo más introspectivo sobre sus experiencias. En casi todas se contiene en emitir juicios severos.

Está el episodio en el que tanto él como su esposa son objeto de discriminación racial por parte de una mujer que les vendía una mansión en el suburbio neoyorquino de Westchester ("No lo hizo con malicia") o como cuando su mánager Joe Torre o "Mr. T" le niega un permiso para acudir a la graduación de su hijo en medio de una gira a Colorado en 2007 ("No puedo desafiar a mi mánager), un momento importante al considerar que Rivera abandonó sus estudios de secundaria en Panamá.

Una de las escasas excepciones es una velada crítica a Robinson Canó, el segunda base que se marchó de los Yanquis durante el último invierno al aceptar una oferta de 240 millones de dólares por 10 años de los Marineros de Seattle. El pecado de Canó, según el criterio de Rivera, es que juega sin la intensidad que debe ser propia de un pelotero de la élite y procede a señalar Dustin Pedroia como su intermedista predilecto.

Rivera se embarca dentro del club de gente que no le perdona a Canó que no salga embalado a la primera base tras batear rodados inofensivos, algo que se ha convertido en la vara que mide la supuesta garra de un jugador.

Ahí está el ejemplo de Bryce Harper, el prodigio de los Nacionales de Washington, que el mes pasado fue mandado a la banca y puesto en evidencia por su piloto Matt Williams por semejante falta en un día en el que el programa del equipo publicitaba el arrojo ("The Hustle") de Harper.

De vuelta con Canó, lo más incomprensible de la crítica de Rivera es que manifiesta más enojo con algo tan superficial mientras aborda con manos de seda las conductas deplorables de otros compañeros, que sí socavaron al equipo. Sobre Alex Rodríguez, involucrado en dos escándalos de dopaje y un rosario de polémicas, lo más que puede decir es que "son tantas las cosas sobre Alex que no logro comprender", y afirma que sigue solidario con él porque "no se abandona a un familiar porque ha cometido un error, o incluso muchos errores".

Entre 2007 y 2013, aparte de ser el jugador más productivo de los Yanquis, Canó promedió 160 juegos por campaña. Pareciera que es preferible que alguien sufra lesiones tontas por deslizarse de cabeza en una base (así fue cómo Harper ha quedado fuera hasta julio tras lastimarse el dedo pulgar), estrellarse contra las cercas de los jardines o correr como si intentara batir a Usain Bolt en los 100 metros.

Al enterarse de las alusiones sobre él en la autobiografía de Rivera, Canó prefirió responder diciendo que lo mantiene en el pedestal como el "mejor cerrador de la historia".

Pero el mánager de los Marineros Lloyd McClendon, ofreció una réplica más contundente, y acertada: "Ignoro lo que Robinson Canó puede estar sintiendo, al igual que ustedes no saben lo que yo siento. Es imposible justificar o responder. Lo único que puede recomendar es revisar las cuentas. (Canó), está en 160, 162 juegos al año. Me parece que esa es muy buena pasión".

CUETO, EL IMBATEABLE:

Aunque se fue sin decisión, Johnny Cueto redondeó el viernes otra magnífica apertura para los Rojos de Cincinnati (toleró cinco hits y dos carreras con ocho ponches en ocho innings), confirmando al dominicano como el pitcher más dominante en lo que va de la campaña. Fue la quinta salida seguida en la que alcanzó el octavo capítulo y ha llegado al menos hasta el séptimo en cada una de sus ocho aperturas de la campaña.

"Sigo moviendo la pelota adentro y afuera (en la zona de strike)", comentó Cueto tras enfrentar a Colorado la noche del viernes.

Lo más llamativo es que su último pitcheo de la noche, el número 102, fue el de mayor velocidad, con un recta de 97 millas por hora para sacar en un rodado por tercera base a Troy Tulowitzki.

"Da miedo decirlo, pero mejora con cada apertura", comentó el receptor de los Rojos, Brayan Peña. "El último pitcheo a Tulowitzki fue de 97. Ha ido subiendo, hasta hace unas semanas estaba en 93 y ahora en 97, y luego me dijo que estaba fresco. Impresionante".

V-MART Y UN INUSUAL PONCHE:

Víctor Martínez empezó el fin de semana con siete jonrones. También figura en el Top 5 de la Liga Americana en OPS (.933) y slugging (.557).

El venezolano se ha ponchado apenas cinco veces en 115 turnos al bate la campaña. Pero el ponche del lunes pasado ante el derecho de los Astros Jarred Cosart fue inusual: al bateador designado de los Tigres le cantaron un tercer strike en la cuenta. Martínez no se ponchaba sin abanicar desde que fuera guillotinado por Matt Albert de los Indios, el 21 de mayo de 2013, o sea casi un año después.

Martínez acumuló 42 ponches desde esa ocasión, pero todos fueron con un swing. Fue el plato 579 veces sin dejar ver pasar el tercer strike.