Brian Cashman. (AP)

Después de registrar apenas su segunda temporada sin avanzar a la postemporada desde 1995, se espera que los Yankees de Nueva York actúen de manera agresiva y acaparen de nuevo los titulares este invierno.

Podemos asumir que eso significaría volver a firmar al dominicano Robinson Canó a un pacto monumental que rebasaría por mucho al más lucrativo hasta ahora para un segunda base, pero ofrecerle un contrato a Canó podría ser sólo el principio, particularmente si la suspensión de un año de Alex Rodríguez es ratificada en el arbitraje.

Creo que lo mejor para los Yankees sería dejar ir a Canó. Los intermedistas no envejecen bien, después de todo, y Canó no será la excepción. Aun si no logra recibir los $300 millones que el quisqueyano y su agente Jay-Z supuestamente están buscando, la parte final de su contrato no le convendrá a ningún club que esté interesado en él.

Los Yankees podrían asumir una postura similar a la que tomaron los Medias Rojas y reemplazar a Canó con la solución menos costosa y de menor plazo en el mercado, el venezolano Omar Infante.

Los Bombarderos podrían emular a los Medias Rojas de este año, como muchos han insinuado, y hacer de los agentes libres de medio nivel su principal blanco. Esa es una estrategia que parecería encajar en la personalidad del gerente general Brian Cashman, quien desde hace tiempo ha estado tratando de recortar la nómina mientras que ha mantenido la competitividad.

Pero la verdad es que, después del buen trabajo que Cashman y compañía han hecho todos estos años, los Yankees, a diferencia de los Medias Rojas del 2013, no se encuentran en una posición óptima como en la que Boston estuvo hace un año para seguir esa línea de trabajo. No parece que los Mulos tengan las piezas idóneas en su sistema de liga menor para concretar un canje de mayores proporciones, y la calidad de su núcleo actual, ya sea debido a la edad o regresión reciente, es un poco más cuestionable comparada con lo que Boston tenía en Jon Lester, Clay Buchholz, Dustin Pedroia, el dominicano David Ortiz y Jacoby Ellsbury.

Cuando tu blanco en la agencia libre son peloteros que buscan restablecerse con un nuevo equipo y están disponibles a contratos más cortos, asumes un potencial riesgo. Pero el principal beneficio de ser los Yankees de Nueva York es que cuentas con los recursos para minimizar ese riesgo.

La última vez que los Yankees enfrentaron esta clase de "adversidad" fue hace cinco años, cuando desembolsaron más de $400 millones en CC Sabathia, Mark Teixeira y A.J. Burnett y terminaron ganando la Serie Mundial al año siguiente.

A eso se le llama precedente organizacional, y sólo podría significar buenas cosas para el bolsillo de Canó.

Los Yankees no necesariamente necesitan ser conservadores este invierno, a pesar de que la meta de evitar el impuesto de lujo y mantener la nómina por debajo de los $189 millones siga vigente.

Como andan las cosas, los Yankees, tras haberle aumentado el sueldo a su campocorto de 39 años, Derek Jeter, quien apenas vio acción en 17 juegos la pasada temporada, tienen poco más de $98 millones comprometidos en siete jugadores con un panorama incierto para el 2014 -- A-Rod, Teixeira, Sabathia, el dominicano Alfonso Soriano, Derek Jeter, Vernon Wells e Ichiro Suzuki. La audiencia de arbitraje de A-Rod se reanuda el 18 de noviembre, y los Yankees podrían saber a fin de mes qué porción de su contrato de $25 millones para el 2014 podrán ahorrarse en caso de que el antesalista cumpla con una larga suspensión.

De una u otra forma, los Yankees tienen varios huecos que llenar, pero también tienen la envidiable habilidad para tratar de llenarlos de manera agresiva. ¿A cuántos gerentes generales les gustaría probar el mercado con un presupuesto entre los $80 y $100 millones? ¿Cuántos integrantes de esta corta lista de renombrados agentes libres -- desde Brian McCann pasando por el boricua Carlos Beltrán hasta los dominicanos Ubaldo Jiménez y Joaquín Benoit y el lanzador japonés Masahiro Tanaka - están saboreando la posibilidad de ser perseguidos por el equipo del Bronx?

La pregunta no es si los Yankees deben volver a firmar a Canó, y por ende retener a su mejor arma ofensiva mediante una oferta de alrededor de $25 millones por año que pocos equipos pueden atreverse a otorgar.

La pregunta es, realmente, cuánto tiempo aguardará Canó durante este proceso de agencia libre antes de plasmar su firma en un contrato. Porque entre más considere el dominicano sus opciones, más afectará de manera adversa la capacidad de los Yankees de planear cómo utilizarán de manera precisa sus recursos para lo que ellos esperan será una reconstrucción ágil y sin contratiempos.