Carlos Martínez

SAN LUIS -- La camisa de color turquesa, combinada con una corbata de moñito. Los lentes de armazón grueso. El cabello con rizos, peinado con mucho gel. Y una sonrisa radiante.

¿Pedro Martínez? No. Se llama Carlos Martínez, tiene 22 años y lanza para los Cardenales.

Aquí en San Luis le han puesto el apodo de "Little Pedro" (El Pequeño Pedro) por algunas de las características físicas y hasta de personalidad que le asemejan con Pedro Martínez, el tres veces ganador del premio Cy Young. También lanza recta de humos.

"Es un chamaco (muchacho) que no se asusta, que no le tiene miedo a nadie", dijo el receptor puertorriqueño Yadier Molina, su mentor con los Cardenales.

Pedro Martínez brilló con los Medias Rojas de Boston entre 1998-2004, precisamente el equipo con el que Carlos firmó su primer contrato y al cual intenta superar en la Serie Mundial.

"Nunca me desespero en el montículo, siempre trato de hacerlo mejor que el otro día", dijo Martínez, quien en esta postemporada cuenta con efectividad de 2.79, nueve ponches y dos boletos en nueve innings y dos tercios de trabajo.

La asignatura del novato derecho es la de preparador de mesa del cerrador Trevor Rosenthal, de 23 años.

Ambos se lucieron la noche del jueves al colgar los últimos tres ceros en la victoria 4-2 que empató la Serie Mundial.

Martínez cubrió la séptima y octava entradas, demostrando un extraordinario aplomo cuando el manager Matheny decidió dejarle en el montículo para enfrentar a David Ortiz, su compatriota y temido bateador zurdo de los Medias Rojas.

Luego de que un error del segunda base Matt Carpenter y un sencillo de David Ortiz pusieron corredores en primera y segunda con dos outs en el octavo, Martínez supo retirar a Mike Napoli con un elevado tras tirarle tres rectas de cuatro costuras.

"Teníamos una necesidad en el octavo inning, con un puesto abierto para que alguien se lo quedara", dijo Matheny. "No dejamos de mandar a Carlos en situaciones difíciles y siempre respondió".

Por supuesto que no hay mejor aliado que tener Molina detrás del plato.

"Nunca trato de llevarle la contraria, siempre voy al compás de él, con sus indicaciones", dijo Martínez a The Associated Press.

El trayecto que Martínez recorrió para llegar a Grandes Ligas es singular. El contrato que firmó con Boston en febrero de 2009 fue anulado apenas un mes después al detectarse problemas con su nombre y acta de nacimiento.

Luego de cumplir un año de suspensión, Martínez firmó con los Cardenales. Pero había cambiado de especialidad: en vez de campocorto, ahora sería lanzador.

Un problema de visa le impidió llegar a tiempo para el inicio de los entrenamientos de pretemporada este año, y se alternó como abridor en las menores y relevista con los Cardenales.

Martínez no renuncia a su ambición de ser abridor, aunque cuando esta es una organización en la que sobran lanzadores prometedores.

"Quiero lanzar como abridor, es lo que he querido todo el tiempo desde que era un niño en la Dominicana, es lo que me gusta. Voy a esperar por esa oportunidad", dijo Martínez.

Y sobre su imagen, a la moda, Martínez no esconde su entusiasmo: "Me gusta estar bien vestido, lucir bien. Que cuando yo llegue a un sitio, todo el mundo me mire".