Alexei Ramírez junto a su madre, Edith y su padre, Armando. (Ron Vesely)

CHICAGO -- Alexei Ramírez ha sido bendecido con una buena cuota de fortuna a lo largo de su vida.

La campaña del 2013 marca el sexto año para el cubano como miembro de los Medias Blancas de Chicago, y Ramírez se encuentra en su segundo año de una extensión de contrato por cuatro temporadas y $32.5 millones como uno de los campocortos más completos de la Liga Americana.

El torpedero de 31 años de edad vive al lado de su linda esposa, Mildred, con quien tiene tres hijos, todos sanos y felices. Pero por cinco años de su vida, Ramírez no pudo ver a su padre, Armando, ni a su madre, Edith. Si bien Alexei se comunicaba con ellos vía telefónica cuando estos residían en Cuba, no era lo mismo que tenerlos cerca para recibir su apoyo y gozar de su compañía.

Cuando ambos llegaron a Chicago a finales de junio el año pasado, la vida cambió para Ramírez. Al espigado pelotero no le gusta hablar de la manera en que sus padres llegaron a los Estados Unidos desde la isla, pero el campocorto de los Medias Blancas habló recientemente con MLB.com acerca de qué tan especial es este Día de las Madres para él tras haberse reunido con la mujer que le dio la vida.

De hecho, el Día de las Madres llega apenas tres semanas después del cumpleaños de la Sra. Edith - el 25 de abril - el cual pudieron celebrar juntos en familia. Pero ya sea se trate de un día especial o simplemente un miércoles o jueves cualquiera, hay veces en que, admite Ramírez, observa a su familia junta y las lágrimas no tardan en brotarle de sus ojos.

"Me siento extremadamente feliz", exclamó Ramírez. "El simple hecho de poder tenerla junto a mí y gozar de toda mi familia entera en su cumpleaños y en el Día de las Madres, es algo bien especial. Es un sentimiento indescriptible, más allá de sentirme sumamente feliz".

"Antes podíamos comunicarnos. Le llamaba todos los días. Pero no es lo mismo. Sentir su abrazo, poder tocarla y abrazarla, comer juntos en la misma mesa y compartirle todas las noches y días de tristeza que pase sin ella".

Cuando se le preguntó cuál era la mayor influencia que su madre ha tenido sobre él, Ramírez sonrió y dijo, "la educación".

"Una vez cuando era pequeño, vi una pelota de béisbol que me gustó mucho, y me la llevé a mi casa. Alguien la había dejado tirada ahí. Entonces me la llevé a casa, porque realmente la quería", recordó Ramírez. "(Mi madre) me preguntó de dónde la había sacado, y le dije, 'me la encontré tirada. Alguien la dejó olvidada en el terreno de juego'.

"Ella me hizo regresar y dejar la pelota en el mismo lugar donde la encontré. La honradez y los buenos modales es lo más importante que aprendí de ella".

A la madre de Alexei nunca le agradó la idea de que su hijo fuera pelotero. El muchacho siempre fue bueno en la escuela, es por eso que su madre lo visualizaba como médico de profesión.

Pero su amor por el béisbol era tan grande que su madre eventualmente lo entendió.

"Cuando me acerqué a ella y le dije, 'Mira, tengo una beca especial para ir a una academia de béisbol en Cuba y no la desaprovecharé', ella reaccionó así, 'No, no. Tus calificaciones en la escuela son demasiado buenas. Quiero que estudies. Que te prepares'", relató Ramírez. "Logramos convencerla de que el béisbol era lo mío. Y ahora ve que el trabajo duro dio resultados".

Ahora, Edith puede ver muy de cerca los frutos que su hijo está cosechando. La madre de Alexei estuvo en el terreno de juego el año pasado cuando su esposo lanzó la primera bola en el U.S. Cellular Field, casa de los Medias Blancas, y ambos viven con Ramírez y su familia tanto en Miami como en Chicago.